Antes de leer la acertada opinión de Andrés en Hislibris, decidí ver la película española del año para no verme influenciado por ella.

Así que convencí a Jessica para ir a verla y acudimos al cine el sábado por la tarde. A pesar de saber que no le había gustado a Andrés iba con la esperanza de encontrarme con una buena película , pero, a pesar de la primera escena –lo mejor junto a la batalla final de Rocroi- pronto comprendí que iba a quedar enormemente decepcionado. Y es que a pesar de que la historia que cuenta es atractiva la película se pierde en transiciones bruscas, planos eternos y escas dirección de actores.

Los únicos personajes que convencen son Alatriste –a pesar de su dicción, ¡que lástima que nadie le dijera que su acento era horroroso!- y su cuadrilla, incluido Quevedo. Sin embargo ni Bocanegra (¿cuál era la intenciónde Díaz Yanes?, ¿que resultara repulsivo?), ni el Conde-Duque de Olivares, ni Malatesta ni Luis de Alquézar, logran transmitir ninguna emoción al espectador.

Cuando, apenas alcanzada la primera hora de la película, descubrí el primer bostezo en mi mujer comprendí que la película no daba más de sí. Otra oportunidad perdida del cine español.
Ayer domingo nos reunimos en casa de Luis, Adolfo, David, Juan, Luis (lógicamente) y un servidor para echar una partida a la más reciente adquisición de David: Mare Nostrum.

Mare Nostrum

Mare Nostrum es un juego de civilizaciones sencillo que se pretende jugar en dos o tres horas y que, realmente, lo cumple, gracias a unos pocos mecanismos sencillos y un sistema de comercio de recursos que no puede eternizarse al no existir negociación. El juego consiste en tres fases:
  • Fase de recolección y comercio: Donde cobras impuestos y recolectas materias primas y comercias
  • Fase de construcción: Donde reclutas tropas o caravanas y construyes ciudades, edificios, maravillas
  • Fase de movimiento: Donde mueves tus tropas y entras en combate.
El mecanismo más curioso es el de comercio en el que el jugador con más caravanas, ciudades y templos, decide el número de recursos a intercambiar. Entonces todos los jugadores eligen entre sus recursos los que quiere negociar, estando obligados a ello todos. Una vez puestas bocarriba todas las cartas de recursos, el primer jugador coge la carta de recurso que más le convenga de las que están encima de la mesa, el dueño de esa carta tiene el turno que a su vez coge la que más le interesa y así sucesivamente hasta que no quedan cartas o no se puede continuar con el intercambio. Otro mecanismo interesante es el de construcción/reclutamiento en el que tienes que hacer grupos de 3, 6, 9 ó 12 (dependiendo de lo que construyas/reclutes) tasas(dinero) o materias primas diferentes. Con la dificultad añadida de que al acabar el turno te puedes quedar sólo con dos cartas de tasas y ninguna de materia prima.
Gana el primer jugador que construye las Pirámides o construye/recluta cuatro maravillas/héroes.
En nuestro caso, ganó David que con los romanos inició una táctica agresiva que me dejó hecho migas en el segundo turno (y sin poder de reacción) y que construyó en pocos turnos las cuatro maravillas.

Lo que más me gusta: La sencillez de su mecanismo que se aprende rápido. Las batalas en las que los daños son el resultado de los dados por la división entera con 5 (lo que deja poco margen al azar sin que éste desaparezca).
Lo que menos me gusta: Hay pocas cosas que no me gusten del juego, si acaso el hecho de que cada civilización tiene un Líder diferente con ventajas diferentes y que pueden inclinar la balanza en contra o a favor de algunas civilizaciones.
Conclusión: Es un buen juego simplificado de civilizaciones ideal para los amantes de este tipo de juegos y que no tienen tiempo, ganas o posibilidades de jugar a los clásicos.
Como escritor soy un simple aficionado que nada más ha escrito poco más de una docena de relatos en foros literarios, sin embargo, y a pesar de mi escaso talento he publicado en dos libros (con ISBN y todo).
La novela del 2000
En el año 2000, El Mundo Digital, sacó un curioso concurso literario llamado La novela del 2000. La idea era una novela colectiva en la que literatos de renombre com Francisco Umbral o Javier Tomeo (entre otros) escribirían el inicio y alguno de los capítulos intermedios (en concreto los capítulos 1, 5, 10, 15, 20 y 25) y cada semana se sacaba a concurso un ganador para la continuación y dos finalistas. El método era este (si no me he olvidado):
  • El miércoles aparecía el capítulo ganador
  • Hasta el domingo siguiente, los internautas mandaban su relato con la continuación de la novela.
  • El lunes salían en la web las aportaciones mandadas por los internautas
  • El miércoles salía el ganador y vuelta a empezar
Durante el concurso disfruté como un enano y encima tuve la suerte de ser finalista una vez y ganar dos capítulos, lo que me permitió ver mi nombre en las librerías. También descubrí el Café del Pombo, un foro literario del El Mundolibro, ya desaparecido, donde conocí a una importante cantidad de personas con aficiones y gustos similares a los míos, un grupo con muy buen rollo que disfrutaba con lo que hacía. Cuando el foro degeneró, aquel grupo emigró de la mano de un usuario con más iniciativa que los demás que se hacía llamar Superpollo y que fundó la extinta Cafedeartistas.
Tierra de Leyendas V
Cuando hace un año me puse a buscar por la web información sobre libros de fantasía adultos me topé con SeDice. Al poco timepo de bucear por sus páginas descubrí el subforo de creatividad literaria Tierra de Leyendas y el concurso Tierra de Leyendas V, concurso que descubrí en el momento justo pues propició la redacción de mi último relato (no he vuelto a escribir nada nuevo en un año). 42 aficionados (y no tan aficionados, pues entre los autores hay escritores con relatos publicados en revistas y novelas editadas) escribimos sendos relatos y el resultado final se plasmó  en un libro de la mano de la editorial Ábaco que acaba de ser publicado como demuestra la imagen que ilustra este texto. Una magnífica forma de fidelización y de promoción.
Como veréis por la lista de mis enlaces uno de mis sitios favoritos es SeDice un portal/foro de literatura con especial énfasis en la ciencia ficción y la fantasía. Gracias a esta página, por ejemplo, descubrí Canción de Hielo y Fuego, descubrimiento impagable por las horas de disfrute y sufrimiento proporcionados.
Desde este verano he descubierto un subforo de lo más interesante, se trata de La Arena, un lugar donde los usuarios se encuentran para enfrentarse en multitud de juegos, cada cual más divertido. Juegos con un formato especialmente diseñado para jugar vía foro. Son en su mayoría, juegos sencillos y por tanto, adictivos. Ahora mismo me encuentro inmerso en una partida llamada Mare Nostrum en la que estoy disfrutando como un enano.
Valga este post como agradecimiento a los organizadores de los concursos por el importante trabajo que se toman en desarrollar semejante página.
El viernes, después de una dura semana de trabajo (vuelta de vacaciones) primera reunión con runa del nuevo curso (por parte mía, claro). Como de Marconi no se sabía nada nos fuimos con nuestros bártulos a Excalibur. Allí nos presentamos, Andrés, Antonio, David, Juan y su seguro servidor. La tarde nos cundió lo suficiente como para jugar dos partidas a Quo Vadis? A Big City y a charlar un rato con Juan Luis, el dueño de Excalibur. Al Big City gané yo gracias a mi depurada estrategia..., bueno eso, me salieron buenas cartas y los demás no sabían muy bien a qué jugaban. Como de este juego ya hemos hablado en otras ocasiones, nos centraremos en el juego que conocimos los cinco a la vez.
Quo Vadis?

Quo Vadis? es un juego de colaboración -en teoría-, en el que tienes que tratar de que tus senadores promocionen de comité en comité hasta llegar al Senado. Para pasar de un comité a otro tieneA que conseguir que tu senador sea el más votado, para ello o consigues llevar a la mayoría de senadores propios o consigues que te apoyen senadores de otros jugadores. Al promocionar consigues laureles que es lo que te dará la victoria al final del juego. Como el juego es de Knizia alguna regla debe tener para el recuento final. En este caso no es muy raro ya que la única regla es que para contar tus laureles tienes que tener al menos un senador en el Senado (la partida acaba cuando el Senado se llena). En la primera partida en la que no sabíamos muy bien qué hacer, gané con cierta comodidad pues me dejaron promocionar varias veces a mis senadores aplicando el rodillo de la mayoría absoluta. La segunda partida, mucho más táctica, se decantó a favor de David (por un solo laurel) que fue el que más alianzas forjó a lo largo de la partida.
Lo que más me gusta: Es un juego rápido con un poco de táctica y un poco de puteo al poder bloquear caminos hacia el Senado.
Lo que menos me gusta: La intención de conseguir un juego de negociación no está conseguida del todo, probablemente varias partidas entre los mismo jugadores acabaría con las alianzas. ¿De donde sale el nombre de Quo Vadis? si San Pedro no sale por ningún lado?.
Conclusión: No es un juego que recomendaría como primera opción.